Se ha hablado de la primera gran epidemia del 2004 en casi todas las publicaciones relacionadas con las tecnologías de la información; todas por igual hacen especulaciones sobre el quién o el porqué, pero de ahí no pasan. Esto ya se dejaba ver en los años 90s, cuando Bruce Sterling, en su libro The hacker crackdown, narraba el surgimiento y la complicada forma de localizar a los hackers y crackers dentro del underground informático; una década después este reto, a veces personal, no ha cambiado mucho, aunque sí el factor distancia-tiempo de los datos que viajan a través de las tripas de la fibra óptica y los enlaces satelitales hasta nuestras computadoras.
La caza de los genios informáticos “mal portados” tampoco es un asunto nuevo, y mucho menos que se ofrezca dinero por la captura de los creadores de algún virus binario; de hecho, en noviembre del año pasado Microsoft creó un fondo de cinco millones para dar con los creadores de MSBlast y el Sobig, aunque hasta ahora no ha tenido éxito.
Actualmente los reflectores de la inquisición tecnológica se dirigen a las mentes inquietas de los chicos malos creadores del virus MyDoom, quienes han pasado ya a la lista de “los más buscados”; sin embargo, podría decirse que este esfuerzo de ofrecer recompensas no es la manera más adecuada para contrarrestar los ataques; dicha iniciativa ha provocado, incluso, que se enciendan más los ánimos del underground, por lo que los escurridizos genios ya se preparan para embestir con otras tecnologías o métodos a sus perseguidores.
MyDoom es el virus de más rápida propagación que ha existido en la red de redes; a una semana de su liberación, esta “criaturita” le ha costado algunos millones de dólares a SCO, que aparte ha salido lastimada en su orgullo por ser la primer compañía que sufrió el colapso de sus servidores desde la embestida inicial del virus, conocido también como “Día final”.
La segunda acometida -la llamada versión B- ha sido reservada para bombardear con gran cantidad de datos los servicios web de la firma Microsoft y, previendo esto, los ingenieros de Bill Gates optaron por ponerse un “curita” (¡antes de la herida!) colocando un espejo de estos servicios en un URL alternativo.
La multinacional adoptó además otras medidas, como acercarse al grupo de White Hat (o hackers éticos) para que le ayuden a eliminar los códigos malignos que, como el MyDoom, entorpecen el buen desarrollo de Internet. No es noticia que esta empresa esté relacionada con el asunto, como tampoco se niega que sea fuente de inspiración (entiéndase “foco”) para los ataques informáticos de cualquier experto que tenga la facilidad y la tecnología suficientes como para hacer bolitas de nieve y quebrarle las ventanas al gigante del software.
Este asedio dirigido no es obra de la casualidad, sobre todo desde que se supo que SCO y Microsoft empezaron una guerra jurídica en contra de IBM -al parecer irreconciliable- en cuanto a los derechos, propiedad y uso de algunas líneas de código Unix en distribuciones de Linux. Es una especie de alegato de patria potestad, y es así como comenzó todo… lo que se veía venir.




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