Entre protagonistas y observadores ¿Arañas en mi sitio web?
Aug 28

Publicidad instrusiva

En el marketing en línea se manejan varias herramientas que pueden serle de mucha utilidad para colocar una campaña sobre algunos de los productos o servicios que ofrece usted, amigo lector. No vamos a descubrir el hilo negro, pero sirva este espacio para darle algunas ideas de todo lo que puede recibir de Internet.

Es triste ver que algunas de estas herramientas están mediocremente utilizadas y que, incluso, algunas se han desvirtuado, como es el caso del “satanizado” SPAM; por ello, antes
de meter la mano al bolsillo para comprar espacios en un sitio web, usted deberá conocer las reales posibilidades que éstos ofrecen a sus clientes, porque pedirá o esperará resultados satisfactorios de su campaña.

Esto no siempre sucede así por muchas razones: supongamos que usted tiene un producto para ofrecer y que la gente que puede estar interesada en él visita con frecuencia un determinado portal en Internet. Si se le ocurre colocar un banner, seguramente alguien dará un clic en éste y será contactado a su área de ventas o de atención a clientes para que reciba la información necesaria.

Pensar que un simple banner nos dará buenos resultados es un error, pues existen variables para que todo suceda de manera distinta a como lo planeamos. Muchas veces el conocimiento que tiene la gente de los banners es casi nulo; aparte, si las personas leen periódicamente el contenido de éstos usted estará obligado a presentarle información útil, y es aquí donde la mayoría de los que utilizamos Internet como medio de comunicación nos “desenamoramos”, pues no estamos dispuestos a regalar un clic sólo por curiosidad o porque el banner se veía realmente atractivo.

Algunos banners, de hecho, en lugar de ayudar a provocar clics producen una particular ceguera en el usuario. En una encuesta realizada a través de Internet se ofrecieron algunas conclusiones acerca de esta presunta invidencia y de cuándo se produce. El escrutinio mostró la radiografía general del impacto de los banners en los usuarios de Internet, de donde se dedujo que la ceguera es un fenómeno real y poco conocido; es un comportamiento psicológico que invariablemente se asocia con un formato sobre explotado, repetitivo y a veces hasta agresivo a los ojos del navegante.

Cuando un estimulo aparece de forma repetida nos insensibilizamos a él y esto es resultado de un mecanismo neuronal muy primitivo; por ejemplo, si vemos hacia una puerta por la que constantemente entran personas, al poco tiempo dejaremos de girar la cabeza en esa dirección, y esta “desensibilización” se acelera si la información es irrelevante (no nos importa quién entra o sale por la puerta).

Lo mismo ocurre con los banners: al principio no es posible quitarles el ojo de encima, pero finalmente los usuarios se vuelven “ciegos” a éstos. No se produce una ceguera en los banners; simplemente se aprenden unas claves visuales (forma, características, imágenes, fondo llamativo, posición en la página) que nos orillan a descartar la información. La ceguera visual orilla a los usuarios a discriminar entre contenido de posible utilidad y contenido de nula utilidad.

¿Qué hacer entonces para que su campaña basada en un banner tenga la atención necesaria? Muchos autores optan por crear banners con un cambio en el formato, posición y, por supuesto, quitando las claves visuales a la publicidad. Contrario a lo que marcan los cánones, no hay que hacer la publicidad tan llamativa, para dificultarle al usuario la posible asociación con el esquema perceptivo o “descartador”. Ahora bien, si usted tiene la posibilidad de cambiar su banner dándole elementos más cercanos a los contenidos reales de su sitio, hágalo, pues con esto provocará que el usuario lea la publicidad.

Existen otras soluciones, tanto para los que apenas inician en el marketing en línea como para los que ya tienen corriendo una campaña basada en banners, pero de eso hablaremos en la siguiente entrega.

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