El hidrógeno, ¿solución o placebo? Día uno en El Universal
Sep 01

lalvesSin olvidar la parte relacionada con el negocio, el ingeniero Pedro Matabuena Cascajares, representante del sector industrial y líder del Proyecto del Hidrógeno en México, cuya sede es la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó los beneficios de aprovechar las propiedades del hidrógeno para la generación de energía.

Infochannel: ¿Qué áreas de negocio se vislumbran al adoptar el hidrógeno como una opción?

Matabuena: Negocios habrá para todos; sólo es cuestión de que se concreten las tecnologías que utilizarán el hidrógeno y listo, porque éste será usado cuando se requiera y con más beneficios que los ofrecidos por la energía actual. Considero que la transición y el efecto serán como hace 15 o 20 años, cuando existían tan pocas computadoras que se podían contar con una mano; hoy, sin embargo, hay una computadora en cada escritorio y ésta es usada para cualquier actividad que se nos venga a la mente.

Infochannel: ¿Cuál puede ser la participación de las empresas dedicadas a las TI?

Matabuena: En lo referente a los equipos de cómputo y sus aplicaciones, empresas transnacionales como HP, IBM y todas aquellas que se dedican a la electrónica seguramente hacen hoy en día y seguirán haciendo inversiones de investigación hacia el hidrógeno, pero lo harán en sus respectivos países y a nosotros nos traerán las cosas ya hechas, como siempre ha sido. Lo que debe pasar, entonces, es que cuando llegue el boom del hidrógeno en la electrónica debemos tener gente capacitada para que ésta sepa destapar una computadora que contenga celdas de combustible basadas en hidrógeno. Por ello debemos tener una capacitación desde ahora, relacionada a todos los artefactos que consideren el hidrógeno como fuente de energía.

La Red del Hidrógeno está poniendo de su parte para desarrollar tecnología nacional e, incluso, asimilar tecnologías extranjeras para que, cuando venga el inevitable cambio, sepamos qué hacer; también por ello serán siempre bienvenidas las empresas nacionales relacionadas con las tecnologías de la información que decidan invertir en este tipo de investigaciones.

El otro lado de la moneda

Como contraparte, Federico G. Witt, colaborador del servicio español de noticias Intercom, en un artículo publicado online a finales de octubre de 2004, titulado “El hidrógeno como carburante”, expresó sus razones para mitigar la euforia que este elemento ha provocado en diversas industrias de todo el mundo como alternativa para la generación de energía.

“No paramos de oír que la solución definitiva a todos nuestros problemas energéticos a mediano y largo plazo está en la utilización del hidrógeno, tanto como carburante como en las centrales de fusión. ¿Es esto cierto o al final acabaremos lamentándolo si nos hacemos tan dependientes de este recurso como lo somos ahora del petróleo?”, cuestionó.

El hidrógeno es muy abundante en la naturaleza, es fácil de obtener y, por ende, más barato, aparte de que su combustión permite la formación de agua (H2O) en un proceso que libera una gran cantidad de energía, reconoció Witt, pero utilizarlo como carburante, dijo, implica varios problemas: en primer lugar, es un gas extremadamente explosivo; por otra parte, la obtención del hidrógeno molecular a partir del agua requiere de más energía que la que aporta.

Sin olvidar la parte relacionada con el negocio, el ingeniero Pedro Matabuena Cascajares, representante del sector industrial y líder del Proyecto del Hidrógeno en México, cuya sede es la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó los beneficios de aprovechar las propiedades del hidrógeno para la generación de energía.
“Lo más elegante sería la puesta a punto de las centrales nucleares de fusión como suministro prácticamente inagotable de cantidades espectaculares de energía, pero esta tecnología estará disponible hasta dentro de unos años o tal vez décadas. Mientras lleguemos a ese nivel –sugirió-, tenemos a nuestra disposición la energía solar, que es gratis y que generará H2 y O2 a partir del agua siempre que haya luz”.

Asimismo, el especialista considera que de entre todos los gases el H2 es el que está compuesto por moléculas de menor tamaño, lo cual conlleva otros problemas: es muy difícil de manejar y se escapa de muchos materiales porque se cuela entre las moléculas que los forman: “Se producen muchísimas pérdidas en las juntas, conexiones, durante su manipulación, almacenamiento, etcétera. Necesitaríamos aplicar materiales industriales de altísima calidad y gran ajuste y precisión, lo cual no tendría mayor importancia si no fuera porque la gravedad terrestre es incapaz de atraparlo”.

Este escape es tecnológicamente difícil de evitar, aseguró, pues implica un desastre ecológico absolutamente irreversible, aunado a que la cantidad de agua del planeta disminuirá de manera equivalente: “Por lo tanto, tendremos dos problemas añadidos sobre los que nunca nos han hablado: el aumento del oxígeno en la atmósfera y la disminución del agua del planeta en proporciones equivalentes a medida que consumamos esta última para generar hidrógeno que no llegue a ser utilizado como combustible”.

Hacia otras alternativas

En la tercera entrega de su colaboración, Federico G. Witt refirió que las energías alternativas, limpias o sostenibles sólo pueden cubrir determinados aspectos de la demanda a la que nos enfrentaremos en un futuro más que cercano; sugirió que se tome en consideración no sólo la “limpieza” del proceso de utilización del hidrógeno como carburante sino también las consecuencias negativas que su uso masivo podría acarrear para nuestro planeta.

Consideró además que debe controlarse cuanto antes el proceso de fusión nuclear e invertir fondos en la llamada I+D tecnológica: “Hay que desarrollar reactores nucleares de fusión que sean capaces de canalizar tan vasta energía y transformarla en electricidad. No entraré en detalles, pero para que nos demos una idea, puede decirse que es lo que ocurre en el interior del Sol y que hace que se emita toda esa luz y ese calor”.
Se trata de una fuente “fija” de electricidad que no contamina, completó, cuyo recurso natural (isótopos de hidrógeno) se gasta en muy pequeñas cantidades y se obtiene del agua de mar, por lo que es casi inagotable: “Es un recurso que no ejerce a priori ningún impacto negativo sobre los ecosistemas y que además puede suministrar energía más que de sobra para todo el mundo, lo que evitaría monopolios, fluctuaciones de precios, vaivenes en el mercado de valores, guerras, etcétera”.

Aparte de proponer como prioridad la investigación en materia de fusión nuclear, reconoció que paralelamente todavía queda mucho por hacer con respecto de la optimización y el aprovechamiento de las otras energías (“fijas”, solar, eólica, geotérmica, etcétera) con las que se obtendría electricidad.

“Nos queda otro tipo de energía de la que debemos disponer: energía en forma de combustible, la que se pueda transportar y almacenar, energía de bolsillo que se pueda utilizar allí donde la necesitemos y en las cantidades en que la necesitemos; esa es la que más me preocupa. No veo que el hidrógeno deba ser utilizado indiscriminadamente, aunque -sin duda- se puede usar conjuntamente con el petróleo”.
A manera de resumen, el especialista enumeró otras dos alternativas o puntos que deberían tomarse en cuenta:

* No centrarse en una sola fuente de energía.- Es necesario hacer lo que se dice siempre: un uso racional de los recursos energéticos. Hay que utilizarlos todos al mismo tiempo y, además, aprovecharse o adaptarse a las condiciones particulares geográficas de cada región.

* No olvidar el ahorro.- Habría que disponer una legislación más dura. Ya empieza a sonar a nivel industrial aquello de que “el que contamina, paga”, pero debería sonar igual de fuerte -o más- alguna sentencia así relativa al exceso de consumo energético.

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